
Son las 9 de la noche. Ya acomodé las almohadas, prendí la computadora y calenté agua para el té de hierbas que ya se hizo costumbre.
La pava eléctrica tarda más de lo normal en hervir el agua. Nunca llega. Como yo, que nunca te alcanzo. Pero no importa, porque vamos a ver un capítulo de Bojack Horseman. Vos en tu casa y yo en la mía. Poniendo play al mismo tiempo. Como si la distancia entre nosotros fuese producto de mi imaginación.
Me escribís: Caliento la comida y subo. Okay, te espero.
Te espero. Te espero. Te espero. El té ya está frío. Son las 10. Las 11. ¿Te dormiste? Te estoy esperando.
Ey. ¿Todo bien?.
Me pasó algo. Estoy en shock.
De repente tengo frío y mi habitación se transforma en algo que no conozco. La computadora se cansó de esperar. Mi perro se quedó dormido. El té está helado. ¿Qué te pasó?. Silencio.
Son las 12 de la noche. Ya es sábado. Dejé el celular con volumen y le pedí a todas mis amigas que no me escriban porque te estaba esperando. Pero también me cansé de esperar y, como mi computadora, me apagué.
En mis sueños me contás que tuviste una revelación divina y que te cansaste de correr. Que te queres quedar y eso te shockea. Pero ya es mediodía y mi celular está gritando, ese último sonido que sale del cuerpo cuando el alma se está terminando de ir.
Atiendo y te escucho, pero no te reconozco. Tu voz no es tu voz, dulce y bajita, ahora es helada, dura, distante. No sabía que podía haber más universos entre nosotros. ¿Cuántos universos más caben entre vos y yo?
Mis ojos se están ahogando porque dejé de escuchar cuando me di cuenta de que ya no te creo. Es increíble porque a todas las mujeres de mi vida les gusta Taylor Swift.
Ojalá no le guste Michael Jackson también, pienso. Ojalá eligieras Human Nature sobre All Too Well. Ojalá esa mujer en tu vida a la que le gusta Taylor Swift fuera solo yo. Pero según tus palabras que salen entrecortadas por la llamada de larga distancia, todas se me parecen. Ninguna soy yo. Ninguna se arrancó el corazón. Ninguna se quedó a abrazarte. Ninguna te cuidó como si fueses un niño perdido en el supermercado.
Es diferente. Ella es diferente. Te corté cuando terminé de arrancar los restos de la decoración de mis 25. Todo quedó en el piso. Sin vida. Me senté con ellos a observar las imágenes que se proyectan en el funeral.
Cosas invisibles. Como mis lágrimas. Como el amor que juraste sentir. Como tu corazón. Como tus promesas. Como todos estos años. Todo.
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