El departamento de Caballito

Volví al departamento. 

En la cocina, quieta donde la dejaste, esta la botella blanca que me regalaste. 

En el estante donde antes había un microondas está el mate que te olvidaste, el que era de tu trabajo y fue testigo del reencuentro. 

En el sillón estamos los dos, congelados en un momento. Las luces se vuelven violeta y me estas cantando Creep de Radiohead mientras me corres el pelo de la cara y me miras a los ojos. 

El calendario marca 28 y en la mesa del comedor está tu gorrito gris al lado de la carta que me escribiste para mi cumpleaños. 

En el sillón estoy yo tapada con la manta de Homero Simpson mientras vos me sacas una foto para mandar al grupo de tus amigos. 

En el balcón estoy yo, riéndome a carcajadas porque no atajaste la llave con llavero de Stich que te tiré. 

En el sillón estás vos, llorando de risa mientras en la tele se reproduce el mismo capítulo de Family Guy que ya viste mil veces. Yo me rio y todo se llena de brillo.

En la cama estamos los dos. Es domingo a la madrugada, vos estás durmiendo plácidamente y yo estoy dando vueltas en mi pensamientos hasta que me lees la mente y me abrazas como si lo hubiera pedido en voz alta. 

En la heladera todavía está la cerveza que dejamos “para la próxima”. Y en la alacena está la olla donde cocinaste tacos de verdura. 

En el ascensor está el espejo. Si lo miro fijamente sin parpadear, al lado de mi reflejo estas vos. 

En el baño está mi cepillo de dientes rosa y la pasta dental que compramos. Y en la silla del comedor está la manta de florcitas violetas con la que te tapabas para dormir en mis piernas.

Todo sigue ahí. Estático. Quieto. Como lo dejamos en noviembre. Cerré la puerta con vos jurando que íbamos a volver y hoy la volví a abrir sola. 

Que todo esté en el lugar donde lo dejaste me consuela, eso sigue ahí y vos, de alguna manera, también.


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