
Hubiera jurado que, aunque nunca lo llamaste por su nombre, tu mirada no mentía.
Porque una vez me dijeron que las miradas no mienten y yo me aferré con fuerza a eso. Porque no necesitaba que me dijeras nada, solo quería tu mirada, solo quería tus ojos llenos de ese “algo” mirando a los míos.
Y juré haberlo visto.
Una vez leí que los ojos son la ventana del alma. Y si eso es verdad ¿Cómo haces para mentir con los ojos? No se puede. No es algo que puedas pensar y llevar a cabo como las palabras.
En los ojos está la verdad. Pero recién leí que la mirada puede engañar. Y ahora entiendo que, por ahí, me cruce con la única persona que tienen la habilidad de mirarte con amor aunque no lo sienta.
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