
Me gusta descubrirte. Ir desempolvando tesoros de a poco. Saber que te pone contento, que te angustia, que te gusta o que no te gusta.
Te miro todo el tiempo, sobre todo cuando estás distraído. Tenes el perfil de Peter Pan y las pestañas más largas que vi. Un poco de envidia me da, te lo confieso.
Los ojos te cambian de color con el clima. Si hay sol, son color verde. Pero no el típico verde que vi en miles de otros ojos. Es como si tuvieras muchos tonos diferentes mezclados entre sí. Es como si fuera un color que todavía nadie descubrió. Salvo yo.
Pero si llueve o está nublado se vuelven color miel, parecidos a los míos.
Y, hablando de la lluvia, me encanta cuando te apuras a salir del trabajo para alcanzar a caminar abajo de ella. Me encanta que estes enamorado de las nubes grises y las tormentas eléctricas.
A mi me daban miedo, ¿sabes?. Pero veo tu sonrisa cuando el cielo se pone negro y, de repente, soy valiente. Me ensañaste que, aunque la calle se inunde y la luz se corte, a la lluvia se la disfruta tanto como al sol.
Hablas con los ojos aunque no quieras y todas las noches deseo con todas mis fuerzas que ese poder sólo funcione conmigo.
Me miras con esa media sonrisa y entrecerras los ojos que, a veces, se vuelven de cristal. Y ahí es cuando no hace falta que digas nada.
Cuando sonreís aparecen tus hoyuelos y el derecho esta mas marcado que el izquierdo.
Me gusta que, con vos, el silencio no me molesta. Me gusta que podemos pasar horas y horas solo mirándonos sin decir una sola palabra. O que podamos hablar de cualquier cosa. Que me escuches y escucharte. Que tengamos la confianza que tenemos casi de manera natural.
Los perros te quieren apenas te ven y eso, te lo confieso, también me da un poco de envidia. De la sana, porque los perros no mienten. Y prefiero disfrutar de verte tirado en el pasto abrazado a un perro que te vino a saludar a que vengan a saludarme a mi.
Sos sensible. Esa es tu mejor virtud. Es lo que más me gusta de vos.
A veces quisiera prestarte mis ojos y que te veas desde mi punto de vista. Que veas lo bueno que sos, que veas cómo se ve el amor que te tienen tus amigos desde mis ojos, que veas todo lo que yo veo.
Quiero que veas cómo se te abren los ojos cuando estás concentrado en la computadora sumergido totalmente en la estrategia del juego.
Quiero que veas cómo te brillaban los ojos cuando me terminaste de leer el escrito el día de mi cumpleaños.
Quiero que veas cómo te sentas en el borde del sillón cada vez que juega Racing preparado para gritar un gol.
Regulas el embrague, si. Te cuesta pasar a tercera. A veces te pones un freno a vos mismo. Pero, ¿Sabes qué? Así nos complementamos. Yo soy imprudente, cabeza dura, mandada y casi nunca mido las consecuencias. Vos, en cambio, vas derribando de apoco la pared que te armaste al rededor del corazón. Vas despacio y con prudencia. Y así me vas enseñando que lo bueno tarda pero llega, que no hay necesidad de apurarse porque nadie nos está corriendo.
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