
Acaba de levantarse un viento fuerte. Igual que aquel viento de diciembre.
Mire por la ventana y las hojas volaban en remolino como si fuese otoño.
Salí a sentirlo. Igual que la última vez. Pero ese día estaba nublado, y el viento derivó en una tormenta torrencial. Y yo me quedé parada abajo, empapada, pensando en si vos también habías salido a sentirlo.
Porque hacía mucho que no sabía de vos. Pero sabía que estábamos sintiendo el mismo viento y esperé que, por alguna coincidencia loca de la vida, los dos estuviéramos pensando en lo mismo al mismo tiempo.
Resultó ser que si:
Esa vez escribí que el viento me trajo tu perfume y el gusto de la cerveza que habíamos compartido. Me trajo la ternura de tu media sonrisa y tu fascinación por la naturaleza.
Escribí que el viento me había prestado por solo un momento la sensación de sentirte cerca otra vez.
Sin saber que, unos meses después, lo íbamos a estar sintiendo juntos.
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