
Vi todo desde afuera. Cómo si mi alma hubiera dejado mi cuerpo por un segundo a modo de regalo. Me vi en tercera persona y pensé “podría hacer esto el resto de mi vida”.
Y esa fue la primera vez qué tal pensamiento cruzó mi mente. Todas las otras veces mi impulso era huir, correr del peligro que suponía dejar de ser nómade.
Te vi a vos, los vi a ellos, me vi a mi. Cómo si fuera todo una película de la que, por fin, soy protagonista. Somos protagonistas.
Me sigue dando miedo dejar de ser nómade porque eso significa dejar las valijas y desarmarlas. Significa acomodar todas mis cosas en un lugar nuevo. Significa guardar esas valijas en la parte de arriba del placard y olvidarme que alguna vez las llevé conmigo a todos los corazones que visite.
“Podría hacer esto toda la vida”. Y mi alma volvió a mi cuerpo sonriendo, y yo sonreí con ella. Porque, por primera vez, mi alma, mi corazón, mi mente y mi cuerpo están de acuerdo en algo: quieren dejar de viajar.
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