
La Real Academia Española define a la valentía como “la determinación para enfrentarse a situaciones arriesgadas o difíciles”.
Yo siempre quise ser valiente. Siempre quise tener una espada y luchar contra La Hidra como Hércules.
Siempre quise tener una espada y luchar, no sé, contra un monstruo de seis cabezas y liberar a alguien de su prision.
Siempre quise ser valiente y, cuando llegaste, me diste la oportunidad de serlo. Pero, en esta versión del cuento no tengo espada para defenderme o defenderte.
Estoy sola con mi valentía intentando atravesar un laberinto lleno de preguntas sin respuestas. Lleno de espacios que no conozco del todo todavía. Un lugar donde el peligro puede estar en cualquiera de los caminos que decida tomar.
“Nadie pasó por acá y salió intacto”, me dijiste una vez. «Nadie tiene mi valentía”, te conteste, confiada de que voy a salir con vida.
Y es verdad. Nadie tiene mi determinación para enfrentarme a la incertidumbre. Para enfrentarme a tus monstruos sin espada y armadura.
¿Quién en su sano juicio se embarca en una aventura peligrosa sin ningún tipo de protección? Yo. Porque soy valiente. Y porque soy valiente, soy confiada. Y porque soy confiada sé que voy a salir con vida, intacta. Y la armadura no me sirve porque no la necesito.
Las posibilidades son infinitas y no tengo ni una sola certeza. Pero soy valiente gracias a que vos me diste la oportunidad de serlo.
Deja un comentario