Viento

Acaba de levantarse un viento fuerte. Miré por la ventana y las hojas de los árboles volaban en remolino como si fuese otoño. 

Decidí salir porque me acordé de vos. De tu fascinación por la naturaleza. De tus teorías locas sobre porqué las estrellas están en esa posición y no en otra. 

Y pensé en si vos también saliste a sentir el viento en la cara. ¿Saliste? 

Mientras estaba ahí, en el medio del patio, sintiendo el viento, me acordé del campo. 

Cuando fuimos juntos y nos quedamos hasta tarde, en el medio de la nada. 

Me dijiste que a la naturaleza había que sentirla y te sacaste las zapatillas para sentir el pasto. 

Y nos quedamos con las cabezas apoyadas en la misma mochila, mientras hablábamos de lo que queríamos hacer más tarde. 

El viento me trajo tu perfume y tu voz diciéndome que te gusta mi sonrisa. Y sonreí, solo para vos. Con la esperanza de que el viento te haga acordar de mi sonrisa cuando me dabas un beso. 

El viento me trajo el gusto a la cerveza que compartimos esa noche. Me trajo la sensación de tu mano en mi cara. Me trajo la ternura de tu media sonrisa. 

El viento me prestó, solo por un rato, la sensación de tenerte cerca otra vez.


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