Una mañana

Me desperté temprano. Mire para el costado y ahí estabas. Durmiendo boca abajo con los brazos cruzados abajo de la almohada. 

Dormís con la paz de alguien que habita en un mundo sin guerras. Con la paz de un niño que no sabe lo que es la maldad. 

Te miro mientras dormís. ¿Sabías que tus ojos verdes brillan aunque estén cerrados?. Están relajados. Me pregunto que estarás soñando. 

Respiras despacio y no te das cuenta de que te estoy mirando hace un rato largo. Y yo agradezco que me regales este momento. 

Ya es de día. Anoche me olvidé de cerrar la persiana y ahora el sol ilumina todo el cuarto. Pero eso no te despierta.

Estás despeinando, un mechón de tu pelo rubio cae sobre tu cara. Te lo acomodo, con cuidado para no despertarte. 

El sol que entra por la venta resalta todo lo que me gusta de vos. 

El acolchado blanco te cubre hasta la mitad de la espalda. Puedo ver tus pecas, esas que me gusta unir antes de dormirme. Pero hoy juego a armar constelaciones con mi mente. 

Todavía no puedo creer que estás dormido a mi lado. A veces me despierto pensando que es un sueño, uno de los tantos que tuve durante tanto tiempo. Pero abro los ojos y estás ahí, como ahora, durmiendo profundamente. 

No lo dije en voz alta, pero me escuchaste, como si me hubieras leído la mente.

Sonreíste y te acomodaste. Ahora estás boca arriba y me estiras los brazos para que te abrace.

«Buen día”, me decís con una sonrisa y los ojos cerrados. “Buen día”, te contesto mientras escondo mi cara en tu cuello y vos me das un beso en el pelo.

Me abrazas fuerte y nos quedamos dormidos, otra vez. 

Y esa fue la primera vez que sentí que había llegado a casa.


Posted

in

by

Tags:

Comments

Deja un comentario