Trapecista

¿En que momento decidí piruetear en la cuerda floja? No soy trapecista. Ellos saben cómo caer después de una pirueta, yo no, yo con suerte sé cómo mantener el equilibrio. 

Pero, sin embargo, acá sigo girando como bailarina en cajita musical. Cómo si supiera lo que hago. Cómo si no me hubiera enterado de que la bomba está a punto de detonar. 

Es tedioso esto de esperar a ver qué pasa. Qué pasa si la bomba explota. Qué pasa si hace más desastre del esperado. Qué pasa si todavía estoy en el trapecio cuando suceda. Qué pasa si nos lastima. 

Es inverosímil hacerme esas preguntas. No tienen sentido si no tengo certeza en las respuestas. 

Por ahí la bomba explota y cambiamos de realidad. De pronto vos estás caminando por las calles de Bradford en Inglaterra y yo estoy mirándome en el espejo del baño de casa pensando en cómo te deje ir de nuevo.

O quizás, sólo quizás, el envoltorio de caramelo que usé para escribir los tres deseos de mi cumpleaños hizo efecto y la bomba explota sin lastimarnos y nos deja en la realidad que conocemos. 

Esa realidad en donde vos traes mi cerveza favorita siempre que me venís a visitar y yo la abro con el destapador que me regalaste. 

Pero, para sorpresa tuya, me convertí en trapecista profesional mientras leíste estas líneas. Y ya no me asusta el “qué pasa si”. Ya no me asusta que la bomba explote y me encuentre pirueteando en el trapecio porque se que, tarde o temprano, vas a estar para sostenerme la mano.


Posted

in

by

Tags:

Comments

Deja un comentario