
Tengo la mala costumbre de esconderme cuando lloro. Desde que tengo memoria me oculto, porque no me gusta que me vean llorar.
Para mi llorar era mostrar debilidad, era quedar vulnerable frente a muchas personas que, en lugar de ofrecerte un abrazo en silencio, juzgaban mis lágrimas por no entender la situación.
Tengo la mala costumbre de esconderme cuando lloro. Me escondo porque me obligaron a no mostrar lo que siento. Frases como “eso no es tan trágico como para que te pongas así” y “estás haciendo drama por nada” me moldearon de tal forma que, actualmente, si algo me angustia, mi primer pensamiento es “no es tan grave como para llorar”.
Pero ¿Qué hago si me rompen el corazón? ¿Qué hago si pierdo a alguien que quiero? ¿Qué hago si me caigo y me lastimo? ¿Qué hago si algo me duele mucho?. Llorar es sacar de adentro cosas que tienen que estar afuera, cosas que adentro pesan demasiado.
Lo que pasa es que, la mayoría, no sabe reaccionar frente a alguien que está angustiado. No saben cómo consolarlo.
Creen, al igual que yo hace unos años, que llorar es algo malo, algo que se tiene que esconder porque nadie quiere lidiar con el dolor ajeno.
Cuando se fue mi abuelo, cuando se fue mi perra, cuando me rompieron el corazón por primera vez me la pasé llorando en los momentos en los que sabía que nadie me estaba mirando.
Hasta que entendí por qué lloramos.
Todos, en algún momento, lloramos por quién nos llenó de felicidad y amor.
El llanto es una expresión que nos dice que fuimos felices, y qué, lamentablemente, perdimos esa felicidad. Pero hay que entender que lloraremos miles de veces más, porque seremos felices otras miles
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