Voy a hablar en mi idioma. Agradezco que no me entiendan, agradezco que sólo escuchen incoherencias salir de mi boca y les cause gracia.
Lo que tengo para decir lo quiero gritar hace mucho tiempo. Pero en mi país todos entienden mi idioma y todos sabrían mi secreto y, probablemente, me convertiría en el hazme reír de todo el lugar.
Así que lo voy a decir sin vueltas: dejé pasar el tren. Me mintieron, me habían dicho que pasaba cada 15 minutos (o cada más si hay alguna demora).
Pero en la app no me figuraba ninguna demora, por eso decidí no subirme al primer tren que frenó en la estación. Estaba segura que, en quince minutos, pasaba otro.
Si entendieran lo que estoy contando se preguntarían por qué dejé pasar el tren.
No tengo una respuesta lógica. Simplemente estaba cómoda en la estación y, para ser sincera, me daba miedo subirme y tener que bajarme en la próxima.
Entonces lo dejé pasar, jurándome a mi misma que en 15 minutos pasaba otro y que iba a poder subirme sin problema.
Pero ya pasaron días, meses, años y sigo sentada en la estación esperando el tren que nunca llegó.
En la app siguen sin figurarme demoras y, sin embargo, el silencio de la estación aturde.
Yo no me subí a mi tren y ahora lo veo de lejos, lleno de gente que no soy yo. Porque me mintieron: el tren no pasa cada quince minutos

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